​VÍAS DE TRANSMISIÓN DEL VIH

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VIH EN ESPAÑA

Según el informe sobre vigilancia epidemiológica del VIH en España16, la transmisión del VIH ha disminuido notablemente en nuestro país hasta situarse en niveles similares a los de Francia, Italia y otros países de la Unión Europea. No cabe duda de que la situación ha mejorado respecto a la década de los noventa, cuando España presentaba las tasas de sida más altas de Europa. 

Se ha producido un cambio en los patrones epidemiológicos. Mientras que, en las décadas pasadas, el grueso de las nuevas infecciones era consecuencia del uso compartido de material para la inyección de drogas, actualmente la mayoría se deben a relaciones sexuales no protegidas

En España, los esfuerzos realizados en la prevención del VIH han sido insuficientes y, desde el año 2000, su incidencia permanece estable, por encima de la media europea. Se estima que en España viven entre 130.000 y 160.000 personas con VIH; de ellas, el 14% desconoce estar infectado y la mitad recibe el diagnóstico de forma tardía, lo que conlleva peor evolución, menor esperanza y calidad de vida, y mayores costes. El retraso diagnóstico es mayor en heterosexuales, usuarios de drogas inyectadas, mayores de 50 años e inmigrantes, mientras que los hombres que tienen sexo con hombres son el único grupo donde aumentan los nuevos diagnósticos. Se estima que hasta el 34% de las personas con VIH presentan carga viral detectable, principalmente debido a barreras que dificultan su diagnóstico, como el insuficiente acceso a la prueba y la baja percepción del riesgo tanto por personas que desconocen estar infectadas como por los profesionales.

España no consigue reducir la tasa de nuevos diagnósticos de VIH y su incidencia se mantiene estable desde el año 2000, por encima de la media de la Unión Europea y Europa Occidental, con 3.428 nuevos casos y una tasa global de 9,44/100.000 habitantes en 2015. el incremento anual de personas que viven con VIH en España rondaría los 2.500-3.000 casos, lo que generaría un aumento constante de la prevalencia, con una estimación de 130.000-160.000 personas que viven con VIH y una prevalencia global del 0,4%, que se concentra mayoritariamente en zonas urbanas, sobre todo en grandes ciudades, como Madrid y Barcelona.

En 2015, el 46,5% presentaba CD4 < 350 células/μl y el 27,1%, enfermedad avanzada en el momento del diagnóstico. El DT es uno de nuestros mayores retos, con consecuencias tanto en la salud individual del paciente como a nivel poblacional y en términos de costes económicos. La detección precoz y el acceso al TAR reducen la mortalidad y la transmisión del virus de forma considerable.

En un paciente con DT, la probabilidad de desarrollar sida y morir aumenta de forma importante. Según datos de la cohorte CoRIS (Cohorte de la Red de Investigación en Sida), los pacientes diagnosticados de forma tardía corren riesgo de fallecer 5,22 veces más que los diagnosticados precozmente y la mortalidad aumenta 10 veces durante el primer año tras el diagnóstico y se multiplica casi por 2 al transcurrir entre 1 y 4 años. En las personas con enfermedad definitoria de sida en el momento del diagnóstico, el riesgo de fallecer se incrementa 20 veces durante el primer año después del diagnóstico.

En segundo lugar, el coste del tratamiento y cuidado de los enfermos con DT es mucho mayor, al presentar mayor tasa de morbilidad y hospitalizaciones.

Finalmente, también existe un impacto negativo a nivel epidemiológico. Hay estudios que muestran que en un alto porcentaje de las nuevas infecciones estaban implicadas personas que desconocían su estado serológico y se estima que la tasa de transmisión del VIH es 3,5 veces mayor en las personas que desconocen su infección comparada con la de las ya diagnosticadas

En cuanto a los grupos poblaciones claves en España, debemos de tener en cuenta los factores sociales, culturales, políticos o económicos pueden convertir a una persona en más vulnerable al VIH. Algunos factores, como la accesibilidad y cobertura del sistema sanitario, la desigualdad de género, la violación de los derechos humanos y otros, limitan la capacidad del individuo y la comunidad de evitar la infección y pueden estar fuera de su control. También existe mayor susceptibilidad biológica al presentar otra ITS o en la mujer joven o durante la menopausia, por la mayor fragilidad de la mucosa vaginal, etc. Los factores de riesgo y la vulnerabilidad social pueden reforzarse mutuamente y aumentar el riesgo de infección. Por tanto, a pesar de que cualquier persona es susceptible de infectarse, la OMS indica que la probabilidad de adquirir el VIH es 14 veces mayor en las trabajadoras del sexo que en otras mujeres; 19 veces mayor en los HSH que en la población general y 50 veces mayor en las mujeres transexuales que en otros adultos. Para las PID, el riesgo de contraer el VIH también es 50 veces mayor que en la población general.

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Mecanismos de Transmisión

Aunque no por ello debemos disminuir nuestra atención, es necesario reconocer que el VIH es un virus poco resistente fuera del organismo, lo que quiere decir que si no se encuentra dentro de una célula viva, su supervivencia es muy baja. Esto justifica el gran peso que en su transmisión ejerce el tipo de conductas que tengamos, ya que se requiere de una intimidad importante con los fluidos

humanos mencionados anteriormente.

Los principales mecanismos de transmisión son:

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Sexo no protegido (transmisión sexual):

Las relaciones sexuales con penetración, ya sea vaginal, anal, oral, etc., y sin protección con una persona con VIH, tanto entre chicos como entre chicos y chicas, es uno de los principales mecanismos de transmisión de la infección, o lo que es lo mismo, el contacto del semen o secreciones vaginales con las mucosas de las distintas cavidades.

Durante las relaciones sexuales, en las mucosas de la vagina, del ano o pene se pueden producir pequeñas lesiones, muchas de ellas imperceptibles, y estas pequeñas lesiones favorecen el paso del virus de una persona a otra.

Las prácticas sexuales que conllevan mayor riesgo de infección son la penetración anal y la vaginal sin condón o preservativo. La mucosa anal es más frágil que la vaginal, lo cual favorece la aparición de lesiones traumáticas.

Entre los factores que potencian el riesgo de infección se encuentran:

  1. – Coexistencia con otras infecciones de transmisión sexual (ITS) o lesiones genitales, en cualquier miembro de la pareja.

  2. – Todas las prácticas sexuales que favorezcan las lesiones y las irritaciones.

  3. – El riesgo de adquirir la infección por el VIH es mayor en el sentido mujer-hombre que en el contrario, hombre-mujer, debido a factores biológicos,

  4. – Existencia de lesiones en el útero de la mujer, mantenimiento de relaciones sexuales durante la menstruación y el embarazo (porque hay edema y mayor vascularidad en la vulva así como flexibilidad y vascularidad vaginal incrementada) y sangrado durante las relacionessexuales.

  5. – Cuanto más avanzada esté la infección en una persona, más aumenta el riesgo de que infecte a otra.

  6. – Cuantas más relaciones sexuales se tengan, más riesgo de infección existe, pero es muy importante tener en cuenta que una sola relación sexual con penetración sin protección puede ser suficiente para infectarse.

Por vía parenteral o sanguínea:

La sangre, al contener elevadas concentraciones del virus, constituye un vehículo de gran

efectividad para transmitir el VIH de una persona infectada a otra que no lo está.

 

El compartir material que pueda estar impregnado o manchado con sangre infectada, puede transmitir el virus de una persona a otra. Así es en el caso de compartir jeringuillas o agujas, pero también puede darse al compartir cuchillas de afeitar o de depilar, cepillo de dientes o materiales para perforar o hacer tatuajes.

El uso compartido de material de inyección (jeringuillas o agujas) por personas que se inyectan droga por vía parenteral o intravenosa es una forma importante de transmisión en muchos países tanto industrializados como en desarrollo.

Por otro lado, la recepción de transfusiones de sangre o el trasplante de órganos de donantes no controlados sanitariamente son vías altamente efectivas para adquirir la infección. Al principio de la epidemia, hubo casos de infección en pacientes que recibieron transfusiones o productos derivados de la sangre para el tratamiento de enfermedades como la hemofilia.

En la actualidad, esto no sucede gracias a los estrictos controles a los que se someten estos productos.

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De madre a hijo o hija (transmisión vertical):

Una mujer con VIH puede transmitir a su hijo o hija la infección en tres momentos:

– Durante el embarazo, especialmente en los últimos meses.

– Durante el parto.

– Después del parto, por la lactancia materna.

Es necesario que cualquier mujer embarazada, o cualquier pareja que desee tener un hijo, o que espere un hijo y crea haber podido estar en contacto con el VIH en los últimos años, pidan asesoramiento médico y realicen la prueba del VIH, ya que un diagnóstico oportuno permite evitar la transmisión del virus al feto o al recién nacido.

Dependiendo del caso, su ginecólogo o ginecóloga le recomendará la necesidad de practicar una cesárea y/o la eliminación de la lactancia materna. En caso de infección por VIH, la mujer

puede decidir interrumpir voluntariamente su embarazo 

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Por sangre:

La sangre, al contener elevadas concentraciones del virus, constituye un vehículo de gran efectividad para transmitir el VIH de una persona infectada a otra que no lo está.